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Águila o garras de Jaguar, ¿Quién eres tú, Guerrero?


Por Predecimos.com
Guerreros Maya
Ellos eran El Guerrero Águila y El Guerrero Jaguar....

Desde niños los Guerreros eran preparados, formaban ya una casta distinta, privilegiada.

Sus enseñanzas iban dirigidas a que descubrieran su propio poder, a no tenerle miedo a lo que de cualquier manera no podían evitar, a estar solo, a separar su cuerpo etérico de su cuerpo físico, a ver lo invisible, y alcanzar la muerte convencido de que era un esfuerzo para el bien de su comunidad y del planeta.

El Tonalpowalli, el calendario sagrado, ritual, adivinatorio y astrológico de 260 días, que es el tiempo de gestación en el vientre de la madre al dar una nueva vida, servía para que los padres entendieran, a través de los sacerdotes, el destino de sus hijos, su caminar por la tierra.

Por ello se conocía quienes estaban destinados para ser Guerreros, y su voz era ley. Para los mayas, este calendario sagrado, Tzolkin, los 260 días, según estudios actuales y adecuados a nuestro calendario gregoriano, representaba un fractal del lapso que demora un rayo de luz en viajar desde el centro de la galaxia hasta el sol.

El calendario sagrado surge de multiplicar 20 días, relacionado con los 10 dedos de la mano, contacto divino y, 10 dedos de los pies, contacto con la madre tierra, multiplicado por las 13 lunas, o meses, que a su vez se relaciona con las trece articulaciones o coyunturas principales del cuerpo.

A través del tiempo Los Guerreros se fortalecen y hoy día mucha de la literatura se refiere a ellos como seres especiales y, aún más, nos invitan a los humanos, mujeres y hombres, no sólo a equilibrarnos como una clase de Guerreros, sino a saber vivir como ellos lo hacían en el pasado.

Algunas mujeres y hombres aceptan el reto, aunque sin la certidumbre del calendario sacerdotal, sin los conjuntos trecenales (trece meses), con los vigesimales (20 días por mes), que revelan el provenir de cada habitante de la tierra. Para ellos, el tiempo es siempre cíclico

Los Guerreros, ya Águila o Jaguar iban revelando un mundo al cuál sólo ellos, en lo individual primero y, para servicio de la colectividad después, tenían acceso.

En su instrucción, que duraba toda la vida, un Guerrero aprendía a ver la luz de los muertos, a identificarlos y del como obtener de esos seres el conocimiento, pues aún desencarnados, se aproximan a los Guerreros para que sus experiencias le sirvan a ellos en la tierra y sean depositarios de los secretos y los tesoros del pasado; en la comprensión del otro lado de la realidad, y para su actuar en el uso de sus cinco sentidos.

El Guerrero, Águila o Jaguar, sabe oler, escuchar, palpar, ver y degustar lo que la madre tierra ofrece a sus hijos, a los habitantes del planeta....

Un verdadero Guerrero, por otra parte, sabe que es un trasmisor a la vez de los conocimientos adquiridos, porque de no hacerlo, de archivarse esa sabiduría para si mismo, llega el momento en que esa sapiencia se le pudre por adentro.

Éstá claro que no enseñará a quien no este instruido. El maestro, se dice, aparece, hasta que el alumno esta listo...

La casta de los Guerreros, ya Águila o Jaguar, era importante, tanto para la clase religiosa como para los gobernantes.

Se dice, por ejemplo, que el caudal de Moctezuma, luego de que lo quiso entregar a Hernán Cortés, preocupando porque era la reencarnación de Quetzalcoatl, el famoso tesoro fue enviado al sur por el señor Cuitláhuac, muy probablemente a lo que hoy conocemos como Honduras, custodiado Guerreros Águila y Jaguar.

Por supuesto que en el período de los sacrificios, hubo Guerreros que amando a la vida, a sus dioses y a su gente, se entregaba a la muerte mientras que su cuerpo era obsequiado por los oficiantes a las mas grandes deidades.

Pero, un Guerrero, a diferencia de otros que eran inmolados, su corazón latía animoso, con tanta fuerza que en ocasiones saltaba de las manos del oficiante.

El corazón de otros mártires, como los que perdían en el juego de pelota, tras ser prisioneros de guerra, y que por lo tanto, no amaban a sus dioses como lo concebía un auténtico Guerrero, su corazón estaba muerto del miedo desde antes de extraerlo de su pecho. Roto, y lo que se ofrecía en esos ritos, era sólo un pedazo de carne y sangre.

El corazón de los auténticos Guerreros que ofrendaban su vida, estaba vivo, palpitante, gustoso por el destino...

Su espíritu y su sangre sería depositado en el mensajero de los dioses, el Chacmol, de origen Tolteca, quien como un ser celestial, subiría a hasta el treceavo cielo. el lugar de los altísimos para entregar el corazón y la sangre de un verdadero Guerrero y, por lo que se esperaba que ellos, los dioses, multiplicarían la vida, en alimentos, en agua, en la energía del sol y la fertilidad y hospitalidad de la madre tierra, dispuesta a concebir una existencia nueva, el verdadero poder de dar vida y conservar la memoria...

La sangre guarda la exhalación divina con que se creo el universo hace mas de 14 mil millones de años.

En la sangre llevamos registro de ese instante en que se crea la materia de lo inmaterial, es la exploración etérica. Sin embargo la sangre conserva el sufrimiento y toda la violencia al momento en que se derrama.

Cuando un Guerrero, por su voluntad, por su inquebrantable fe de y para sus creadores era ofrecida, esa sangre convidada ritualmente por el sacerdote, era la oportunidad de pedirle a las deidades un bien colectivo.

La sangre de un Guerrero se convertía en un poder, era un acto de alquimia entre el mundo material y el de los dioses.

Cuando el corazón, como un simple trozo de carne, y la sangre de un hombre común era ofrecida debido a su condición de prisionero de Guerra, el ritual en muchos de los casos iría con los señores del inframundo, pero nunca, hasta el noveno nivel, que es el sitio reservado para la muerte y sus ángeles. Para las eternidades del Mictlán.

La llegada de los españoles pervirtió esos rituales, esa forma de prometerse a sus dioses convencidos de las bondades que ello traería a su pueblo.

Hoy todavía hay quienes persisten en la barbaridad de esos actos y encontramos lamentablemente documentos, comentarios, libros y hasta películas como la de Mel Gibson, donde se destaca a un pueblo salvaje y sin sentimientos, cuando los Mayas era astrónomos, matemáticas, y estaban e invitaban a ello, en armonía con la naturaleza.

Ritos y calendario maya
Imaginemos por un momento la trascendencia de esos ritos. Desde niños, luego de que los oficiantes.

Interpretando el oráculo o calendario de los 260 días, le explicaban a sus padres que su hijo estaba destinado para ser un mediador entre los hombres y los dioses, el niño o la niña crecían entendidos de su importante destino y, por consiguiente, el pueblo les daba un trato distinto a los demás niños.

Cuando llegaba el momento del sacrificio, el Guerrero o La Princesa inmolados sabían que en ese acto lo que estaban dejando, lo que se separaba era su viejo YO a través del proceso de transmutación y por su ofrecimiento a la deidad, al padre Sol, por ejemplo, lo malo se convertía en bueno y divino

El verdadero Guerrero, Águila o Jaguar, que hoy viven, como los del pasado, no buscan ni tienen el control sobre otros seres humanos, lo tiene, sobre sí mismos.

Esa es su verdadera fortaleza, pues mientras el hombre busca el poder para controlar a las sociedades, domesticarlas, el Guerrero sabe que su fortaleza para afrontar los verdaderos combates de la vida, sin miedo, es el control sobre sí mismo.

Un Guerrero es aquel que puede controlar sus emociones. El ser humano por lo general reprime sus emociones cuando pierde el control, no cuando lo mantiene.

La gran diferencia entre un Guerrero y un ser ordinario es que éste se fuerza y el Guerrero se refrena. El hombre común se reprime porque tiene miedo de mostrar sus emociones, de decir lo que quiere decir.

Refrenarse no es lo mismo que reprimirse. Significa retener las emociones y expresarlas en el momento adecuado, ni antes no después.

Esa es una de las razones por lo cual los Guerreros, los auténticos, son impecables. Tienen un control absoluto sobre sus propias emociones y, por consiguiente, sobre su propio comportamiento.

La perversión de la conquista llego a extremos para explicar el magnicidio, el abuso de los españoles en contra del mundo prehispánicos y con ello, además, limpiaban el oro y la plata que se robaron de las tierras conquistadas.

Escudados en la evangelización de una sociedad que veneraba a la serpiente. Una evangelización donde se habla de Jesucristo, el hombre que muere para el perdón de nuestros pecados, pero que ellos, los colonialistas, lo presentaban como un dios amoroso, mientras ellos asesinaban, ultrajaban a las mujeres, los convertían en sus esclavos y les daban una forma de vida en permanente degradación.

La Piedra del Sol y los conquistadores
En esa desgarrante y pervertida realidad, por ejemplo, los conquistadores creyeron que la Piedra del Sol, o calendario azteca, era un simple y locuaz oráculo; hoy, hombres de ciencia en el mundo, se admiran.

Pero la Piedra del Sol era algo mucho más importante que el calendario mismo. Un instrumento de cálculo y a la vez un sistema para proyectar el futuro, del sistema solar y de los propios humanos, como ya vimos.

La Piedra del Sol fue manejada por los sacerdotes prehispánicos y por los mismos Guerreros para guiarse en dos modos de percepción del tiempo: el solar y el lunar.

El tiempo lunar, femenino y plateado, es más flexible que el tiempo solar: masculino y dorado, y por lo tanto, a los Guerreros les facilitaba el desplazamiento de la conciencia entre distintas dimensiones.

La Piedra de Sol era también un instrumento para que la clase sacerdotal, los sabios, pudieran conectarse con la conciencia superior.

En cada ciclo, por ejemplo, señala el punto astronómico en que la órbita de la tierra coincide con la de Venus, creando, dicen los iniciados, un puente etérico entre los dos planetas. Hay que recordar que Quetzalcoatl esta relacionado con Venus.

Antes del sacrificio, el auténtico Guerrero o la mujer que sabía que moriría, debían meditar sobre lo que había sido su vida, sobre lo que anheló y puso obtener y, sobre lo deseado y no logrado.

Meditar sobre lo que se amó en la vida. Se hacía una lista de las personas que fueron importantes, iniciando por su padres biológicos. La intención era despedirse de todos, perdonar a quienes debía dispensarse y pedirles indulgencia a quienes se les debía algo.

En esa meditación, en ese estado de conciencia. en un verdadero estado de alerta, debía viajar de regreso a los lugares donde conoció la felicidad terrena y espiritual, escuchando la música que lo había conmovido como ser humano.

Así era la noche previa, mientras que a las afueras, la algarabía y el mitote inundaba la plaza pública. Todo estaba dispuesto, los dioses esperaban a que el Chacmol se elevara a los cielos con la ofrenda consagrada para ellos.

No era un día más. Era un espacio reservado para la comunicación entre el mundo material y el inmaterial. Era un día de espera para que la vida resurgiera.

Una concordancia armónica con los seres vivos: nacer, crecer, reproducirnos y morir, para nuevamente iniciar el ciclo, nacer, crecer, reproducirnos y morir...

A diferencia de algunas religiones, la muerte no era ordenada por Dios, en esos actos de celos posesivos que se registran en la Biblia, para citar un ejemplo, en donde el todopoderoso exige la muerte de humanos para que los demás entiendan que de no creer en él, todo el pueblo morirá asesinado o pueblos completos, prostituídos por su soberbia y poder, como Sodoma y Gomorra eran convertidos por dios, en piedras de sal.

Nunca, entre los pueblos prehispánicos, sus dioses tuvieron que enviar un diluvio para acabar con la degeneración de ángeles, mujeres y hombres y sus descendencias, por citar sólo otro ejemplo. 

Los Guerreros Aguila
Los Guerreros Águila eran guerreros solares, diurnos. Eran iniciados en la cara masculina del conocimiento. Pero así como hay luz de día, hay luz en la obscuridad.

La obscuridad del día nos impide ver las estrellas y por ello en la antigüedad se pensaba que el sol mataba a las estrellas. El Guerrero Águila aprende a moverse en esa obscuridad del día.

Los Guerreros Jaguar
Los Guerreros o Caballeros Jaguares, aprendieron a moverse en el silencio y en la oscuridad. El Jaguar es una animal sagrado para la Madre Tierra, Llamatehcutli....

Al igual que la diosa de la tierra, el jaguar tiene por territorio el silencio y la oscuridad. Así es como caza y se aparea y así es como hacían la guerra los Caballeros iniciados en el espíritu del Jaguar .

Llamatehcutli es el verdadero espíritu de la experiencia que se ha convertido en sabiduría... Pero esta sabiduría, como todas las cosas, puede ser masculino o puede ser femenino...

Lo masculino se relaciona con el Sol, con los Guerreros Águila, es decir, existe una relación con la luz diurna, las cosas pueden verse a simple vista...

La femenina, en cambio, pertenece al mundo de la noche, a lo oculto, a la visión en la oscuridad, al silencio de lo invisible y pertenece a los Jaguares... 

Llamatehcutli ha vivido muchos años...Ha visto muchas cosas y el mundo ya no tiene secretos para ella... Por eso no juzga ni condena nada ni a nadie...

Sabe lo que hay dentro en cada uno de sus hijos y por eso está más allá de toda curiosidad.... Sólo tiene curiosidad el que no sabe y quiere saber...

Ella sabe todo y no dice nada.... Llamatehcutli no cuenta nada ni da consejos... El Guerrero o Caballero Jaguar escucha en el silencio los mensajes de la otra realidad.... y se mueven en el mundo de las sombras, transportándose de un sitio a otro, sin ser vistos...

Para ellos no es misterioso el mundo de la invisibilidad, pues ellos han aprendido a practicarla a conciencia....

El Guerrero Águila emprende el vuelo y desde las alturas, con una vista majestuosa e impresionantemente precisa, aprende a vivir, para sí mismo y por el bien de su comunidad.

Tu, que clase de Guerrero eres. En México, en el ombligo de la luna, aún se respira la magia de nuestra tierra, Llamatehcutli... Somos un misterio, una aventura, conocedores de las ciencias, de las artes y de lo cíclico de la vida.

Y tú, quién eres: ¿águila o jaguar... ?

Por José Xermán Vázquez Alba
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